
Tú otra vez,
Vienes, te presentas airosa, me provocas, me animas a olvidarme del dolor, de lo demás, de todo. Tú, solo tu en mis sueños, mis quitas y alegrías, compartiendo la esperanza del futuro, las ansias del después contigo, para qué? Ya lo hemos visto, alejarte a cubrir el orden, describir lo incorregible, lo soez, lo injusto y zanjares las diferencias aumentadas de las planeaciones obtusas, mientras que el amor muere al unísono de la dicha en medio de la lucha cotidiana inocua, que pretende el respeto al ser y la existencia.
Siempre seré victima de tus encantos y cuanto ellos representan, accederé al castillo de tus sueños buscando calor para mi alma helada y copiando de ti el orden de forma tal que olvide el encierro dentro del mundo que me encierra sin dejar que actué con la objetividad de los humildes para los sabios poderosos dueños absolutos de cualquier nivel. Es mejor olvidar, hacer como si nunca hubiese conocido el terror, imaginando estados mejores que bajo la estreches de los espacios, se convierte en la realidad irrefutable. Al lograrle, al imprimir el anverso de la obra escondida dentro de la cueva comienza la añoranza por lo dejado de hacer, o hecho erradamente al no lograr procurarte con la felicidad merecida sin condiciones ni preguntas. No obstante existe en nosotros el carácter, que a la dicha le es imposible apagar impidiendo tristemente, al sosiego puro, ser perenne.
Cuando te veo de nuevo, al tenerte cerca, quisiera que nunca te alejases, aun cuando pienso, ante tu ausencia, que tu felicidad debe de ser prioritaria a la nuestra; mi bohemia, en el buen sentido, mi hidalguía carece de ideales y comprende la soledad que tal vez busqué afanosamente al encontrarme carente de cariño, al saber que se trata de un estado natural difícil de compartir aunque sea imposible borrar de la memoria los momentos de amor y compañía, para bien o no, les conservo, aferrándome a ellos con la fuerza que la supervivencia y la procreación demanda; así, al verte nuevamente, me lleno de timidez, de la inseguridad que tu lejanía intuitiva me provoca. No puede ser, quiero aprender a atarte, encerrarte a mi lado, para poder ver cada vez que quiera, esa sonrisa encantadora con la cual te conocí.
Regresaré pronto, te diría al salir, confiado de que tu también lo querrías, antes, enorgullecido por las gracias del amor, amarrare un pañuelo verde, como la naturaleza, a la cabeza, con muchos lunares negros por el ozono, ceñiré la chaqueta de cuero y montado en una Harley, Twin Cam, de 1.584 c.c. iré a enfrentar al dragón de siete cabezas que osadamente interrumpa la felicidad de los demás, la nuestra ya la habríamos logrado.
No creas que olvidare fácilmente el camino por el cual muchos transitamos, cada quien con sus propios deseos y ansias confundidos, para casi todos el poder es esa gloria lejana a donde se quiere llegar, que se quiere poseer, personalizar. Ese no es mi caso, el mío eres tú, tu sonrisa, tu felicidad plena, es el estar a tu lado, lo demás no me pertenece, como tampoco la Harley a no ser que pueda guiarle por la misma carretera, que aspiro recorrer contigo, llena de árboles frondosos, y arroyos cristalinos que permitan el descanso desde sus riveras esperando ver la cúpula terráquea llenarse de estrellas, planetas y cometas. El poder público engendrado por los hombres, aunque sabios, comunes, no deja de ser arrogancia, utopía, en donde se pierde la sensibilidad bajo la disfuncionalidad del sistema proporcionando los vacios en donde la negación toma lugar. El nuestro es éxtasis, realidad sincera, base solida del puente al firmamento tan solo destruible con tu adiós improcedente. ¿Entiendes mejor ahora mi temor al tenerte cerca?
No puedo permitirlo, a la Harley, únicamente yo le conduzco.
Picture: from http\\ Harley- davidson.com
© Hoo77
Agosto del 2010
19 ago 2010
Etiquetas:
Hoo77 - Bikes - Tu
Publicado por Hoo77 y la vida cotidiana
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