Siempre he creído que la
posición, políticamente hablando, ideal
de los ciudadanos responsables es la de alinearse al gobierno, ser gobiernista. El porqué de ello es simple,
con mayor razón ante los vientos que hoy
perturban: el gobierno es la representación de la Patria y del pueblo.
De ese pequeño terruño que Dios tubo ha bien entregarnos y que debe ser nuestra
única preocupación y morada, la nuestra, la de verdad, aquella que necesita de
nosotros de forma real para ser representada ante el contexto internacional sin
ceder un ápice de aquello que nos pertenece por el derecho heredado de la
historia, por una necesidad plural de nosotros mismos y la enseñanza que en los
demás podamos dejar reclamando se dé, se cumpla, siempre y cuando no nos
nieguen el derecho sobre lo nuestro. La legalidad jurídica no es un adorno para
lucir mejor, no. Es el interés en defender lo cual consideremos pluralmente
propio. Es la obligación del fuero por el cual internamente luchamos con un
fin, y ese fin no puede ser otro diferente al Estado que nos necesita, protege
y cobija a todos, por favor óigase bien, a todos, no a unos pocos.
Cuanto aquí digo con humildad, obedece
a la realidad palpable de una necesidad primordial como es la subsistencia
pacifica, no quiero decir que apruebo o soy devoto de una hegemonía sin rumbo,
ni plataforma legal que la sustente; al referirme al gobierno lo hago a aquel
legalmente constituido bajo el un régimen presidencialista como el nuestro que
no se ubica en el sentido del después. La buena fe y la voluntad de conservar
un patrimonio político, no son suficientes a la necesidad plural sobre la cual
he venido refiriéndome, la del gobierno enfrentado la defensa a los designios
adversos de un pueblo, tanto en lo nacional como en todo lo concerniente a los
vecinos lejanos, igualmente a los cercanos, que si toman muy en serio la
necesidad de la supervivencia por conocer, esa necesidad, de cerca y también por
la avaricia humana descontrolada y causante de los males que a diario
perjudican un verdadero desarrollo de la humanidad, concretamente de la latino
americana, diana internacional de críticas favorables y lo contrario (que
crecemos más de lo proyectado, que convivimos en medio de la miseria y la
pobreza extrema, que nos aprovechamos de la hacienda, que el neoliberalismo, que
esto y lo otro...). Sino actuamos de manera contundente ante los momentos
cruciales que vivimos actualmente, nunca, durante varias centurias, podremos
hacerlo. Lo peor es que no solamente nosotros sufriremos de la ignominia que a
diario profundizamos según lo narrado en este opúsculo, sino que, y con mayor
rigor, lo sufrirá la tierra que nos cobija.
La continuidad de un plan de
gobierno sano e independiente, del Presidente elegido, es indispensable, como
lo es la de un equipo que gobierne por el Estado para cumplirle de forma
sostenida, ósea que grano a grano, metro a metro, se ordene lo necesario, repito,
de forma sostenida, sin tener en cuenta ninguna otra consideración aparte de
las necesidades primarias y vitales del
Estado, como lo es el PIB per cápita, y demás variables macroeconómicas que componen
y constituyen la política económica, redentora del nivel de vida, y la
felicidad común de conocer esta única verdad que haga a los ciudadanos útiles.
Está probado que los periodos
cortos, vengo gobierno y me voy, no funcionan. No alcanzan a fraguar, su
responsabilidad es demasiado limitada en la línea del tiempo. El Estado
necesita que su cabeza visible sea algo más duradero, más representativa de la
justicia y la dignidad humana, alguien que vele por darle a las instituciones
la confianza requerida, hasta lograr el respeto necesario para sus residentes
teniendo en cuenta que la época de las cavernas, el sentimiento guerrerista
quede definitivamente atrás, que la hacienda corresponde al esfuerzo congruente
de los trabajadores útil al bien común.
© Hoo77 & la vida cotidiana.
Donde el romanticismo también cuenta.
Abril 2013.

