LA PALMA DE CERA
Son altas y esbeltas, son de cera se dice, de hojas estrechas frutos
robustos y sabrosos, y como pendientes del cielo, la personalización de la
elegancia, el árbol insignia de Colombia, frías aun cuando cálidas a la vista del
viajero desprevenido que al observarles detiene su camino recreándose ante el
espectáculo celeste brindado por aquella seducción sobresaliente, en medio del
campo y ahora en la ciudad, bien venidas hermosuras, sacadas de los parajes
hermosos del oriente y bien acogidas entre nosotros.
Les invito a conocerles quedaran deslumbrados al igual que a aquel viajero
le sucedió, fue cuando amenazado por la muerte se aferro a ellas y bajo esa
protección de vida sobrevivió, haciéndose parte del mundo que les creo
apartándole de la tentación horrible de sucumbir, al igual que tantos otros,
que negaron la existencia por cualquiera de las causas dinamizadas por la misma.
No obstante concientizo la lucha que al salvarse, se prolongo eternamente
teniendo que enfrentarle con cotidianidad dando gracias a aquel cielo de la
victoria diaria de la vida para hacer, recrear, enseñar con la verdad del
estoicismo, del arte el canto y la belleza, que aquí debemos de permanecer para
liberar la ilusión justa de la justicia, sin la cual no somos ni siquiera la
ceniza suficiente para cubrir nuestro cuerpo a la hora señalada. ¿Es acaso el
dolor causado por el engaño tan fuerte que nos impide la defensa?
Es ahí, de la misma realidad, cuando se desprende la lucha del ser humano
entre él mismo su esencia intrínseca, y única, contra el mal que asecha vestido
para la ocasión del jolgorio propio a celebrar el caos, desconociendo la ley que a todo quiere llegar
con una solución mediadora, PARE vs SIGA, entre los grupos y quienes le
conforman, nuestra exclusiva forma de dignificar la ética encerrada en mentes y
corazones y por la cual somos heredados y herederos. La ley nos magnifica y al
dejar de vivir las ilusiones que tuvimos de amor poder, o cualquiera que haya
sido, se esfumará para siempre con nosotros; cuestión que no podemos permitir
sin antes determinar la realidad de la causa social de donde el suceso emano.
No olvidemos que el enfoque de la Justicia es plural, sin que nadie pueda
tomarla por sus propias manos aun en contra de si mismo.
Los mártires de la indiferencia jamás han debido de existir antes, ni mucho
menos después de nosotros que hemos aprendido con esfuerzo a sobreponernos a
esos flagelos dañinos que acosan sin razón ni motivo, al igual que a la misma
indiferencia sobre el fracaso e incluso de los triunfos mundanos, obedeciendo a
la dedicación del don especial con el cual algunos privilegiados contamos,
cuentan, plegándose rendidos y mansos, o
sobre-estimulados por la dicha y la codicia, sin encontrar nunca el equilibrio
de los planos que conforman la existencia humana.
A ellos que extrañamos y hacen faltan, a nosotros que aun nos encontramos
aquí, en el mundo de los vivos debemos una explicación, justificando de alguna
forma aceptable, (ahora que el cine puede y lo tiene propuesto) diferente de la
libertad decisoria y personal, el hecho inaceptable al mayor mal, la indiferencia, del mal curable. ¿Adolescencia
pasajera, juventud irresponsable, miedo posescénico? De cualquier manera,
figura dichosa que añoramos, error catastrófico del destino que una vez más
triunfa privándonos de ella sin remedio, quebrando la esperanza, fortaleciendo
el sistema.
Imágenes: GH
© Hoo77 & la vida cotidiana.
Donde el romanticismo también cuenta.
Abril del
2015
