
Ni tengo excusa ni quiero hacerlo, la susceptibilidad me viene previniendo, las preguntas abundan mientras que las respuestas se hacen lentas, confusas; no obstante aquí estoy con la esperanza de acercarme a ti por este medio facilitado por nuestro amigo común. Nunca te alejes, tu presencia es mi virtud.
S A L P I C O N
Ahora, cuando casi soy sexagenario, recuerdo muy bien aquellos años en los cuales andaba por el tejado de mi casa tratando de divisar mejor el barrio, las calles y las otras casas que rodeaban la mía para luego ir de muro en muro, sin respetar linderos, de jardín en jardín, vociferando consignas que aglutinasen a los amigotes, a los perros y a los gatos; todos éramos conocidos, amigos, cachas los unos de los otros. Eso fue ayer, no sobrepasaba los diez años de edad ni tampoco contaba con bicicleta propia, utilizaba la de mi hermano menor, él si poseía una de marca conocida, que junto con Mamá compramos para celebrarle su primera comunión, me la facilitaba de vez en cuando a cambio de conquistarme para alguna de sus cazas mayores en que yo le colabore de mil amores.
Los parques cercanos eran famosos pues allí era donde se llevaban acabo los mejores campeonatos futbolísticos del barrio, así mismo de béisbol y competencias ciclísticas que poco a poco, con el paso del tiempo, se fueron transformando en arduas etapas hasta otros barrios, para luego ir hasta poblaciones vecinas, por entre un trafico automotor curiosamente enrarecido de automóviles, buses y camiones construidos por allá en los años cincuenta y tantos, que fluían lentos, inexpertos como hoy, en las lidias del mismo trafico pero sin el notorio guerrear actual, aun cuando las vías por las cuales circulábamos eran estrechas, con pésima señalización y los autos no contaban, al igual que las bicicletas, con las facilidades de manejo con que cuentan en la actualidad. Eran paseos hermosos, de logística avanzada, que prácticamente duraban todo un día de diversión, conquista de nuevos amigos, burlas en general y en particular hacia mi que por lo regular era el ultimo en la meta, mi distracción por el camino con el resto de los transeúntes, agravada por la desformalización con la bici, mi debilidad inexperta, no permitían por ningún momento concentrarme con aquello que debí de hacer, pedalear con fuerza durante el largo camino ida y regreso. Ya entrada la tarde al regresar al barrio a nuestro paradero de costumbre, la casa de unos de los amigos donde las arepas de maíz blanco eran comunes, cosa que no lo era en el resto de la ciudad, cada uno de nosotros disfrutaba de una de estas y a continuar con la patanería hasta que no nos soportaban mas en aquella casa inolvidable.
Verdaderos recuerdos, dichosos y propedéuticos, norte al futuro, argumentos de discusión con nuestros protectores. El entendimiento no se da a los diez años, para algunos ni siquiera a los veinte o treinta, para otros nunca llega, el desarrollo de las personas es lento y depende de muchos factores, digo yo, tampoco se da de igual manera en el Asia que en América o Europa, es similar a las ciudades, a los países que buscan el bienestar general, el mejorar continuamente el nivel de vida de los ciudadanos bajo la enseñanza, el respeto y el dejar que ese desarrollo venga ecuánimemente a todos virtud a meritos ciertos ungidos del reconocimiento a la honradez y la lealtad de quienes no tiene porque esconder una manera de pensar y de ser diferente, al común tejí versar de la verdad filosófica y absoluta, la única cierta y motivadora de la existencia.
Al ver en la vía a aquellos conductores que hacen caso omiso del respeto a las señales y peor aun a los demás y a ellos mismos, nos horrorizamos. Igualmente eso ocurre cuando un inspector del transito nos condena por una falta simple, con respecto al derecho a la circulación por una de esas vías en ruina encadenada al caos de la movilidad citadina, del humo, la grasa y la pestilencia a alcohol donde no debe de estar, tras el volante de un pesado camión de pasajeros. Esta claro que lo mismo ocurre, me horrorizo, cuando al acercarme a uno de aquellos amigos, con quienes competí en la bici e hice algunos pocos conejos, irnos sin pagar los pastelillos, aquellos con quienes conocí de la vida y a quines seguí su juego en veces peligroso, que me llevaron donde nunca debí estar y me acusaban de sus propias culpas, ahora quieran aparentar de la santidad eterna que no les pertenece con la con la gravedad de continuar con la idea de culpar los demás otrora las andanzas de aquella pubertad irresponsable; eso es ironía, o como quiera llamarse, nunca chantaje por querer ser útil y leal al destino, incluyendo los amigos, siempre desinteresados, incapaces de traicionar a cualquiera. Si por conocer a alguien, uno de los interlocutores piensa en estar chantajeado, será porque su conciencia así se lo dicta, porque tendrá un rabo de paja, mas largo que el mismo Magdalena, aparte, con seguridad, de ser el mismo quien de veras y con facilidad llegará a tal condición.
Aparte del juego del solitario los demás creo necesitan de oponente, las fichas negras contra las blancas, el trío de reinas contra el póquer de nueves, etcétera, etcétera, etcétera. En los negocios, concernir, ceder, pierdo un poco aquí, pero gano allí. Te doy participación, a cambio del contrato; te vendo a buen precio, si tu conciernes en que yo suba de renglón en la lista del partido; pero en defecto, de ti, a quien conozco y me conoce desde hace mil años, no necesito nada, no me interesa ni tu esfuerzo personal, ni nada que se le parezca, mis compromisos actuales son superiores a cualquier conocimiento que poseas. ¿Que queda? De tal modo, lo dicho, de la labilidad del poder burocrático, la ineficiencia e in efectividad. De la amistad, en el mejor de los casos el interés; de la movilidad el nudo que nos retrata; y del nivel de vida, la represión.
Todos en la cama, bien cenados, o todos a confesar con un sincero acto de contrición que impulse al entendimiento plural, no mas de lo mismo, de los inmensos anillos burocráticos que mantengan al reino dividido en poderosos por dentro mientras que por fuera queden los imbéciles, las personas naturales mayores, doña Paquita y doña Irene, don Sebastián y millones de otras personas que son atropellada diariamente por el simple hecho de haber tenido que torear durante toda una vida las preferencias injustas, las hordas invencibles, la hipocresía personificada. Desde la perspectiva global de la libertad no cabe la diplomacia burlona, ni mucho menos las metas ocultas en una competencia lógica.
El rencor para los envidiosos y avariciosos, para mi: la paz, en ningún caso la guerra, el colorido otoñal de la naturaleza, el pan compartido con los demás, la frugalidad en sociedades necesitadas; la Justicia bajo el derecho natural del respeto, primero que todo, por la misma especie.- Los san Benitos y chivos expiatorios son cosa de la época bárbara, prefiero la sabiduría del príncipe, de quienes todos quieren algo por el mero hecho de tenerle, en caso de no conseguirle, vienen los golpes y conspiraciones traicioneras.- La gratitud por la existencia al unísono de carecer del tiempo para el rencor; la sinceridad y por supuesto el amor,
sin olvidar nuestro entorno.