22 nov 2012

Entrada Noviembre 2012





DE LA FORMACIÓN GNOCITIVA


Al momento de sacar las cuentas con la vida, cuando te sientes burlado y estrujado bajo la presión de la zozobra en el porvenir, proveniente del pasado y el presente acaecido bajo el incombatible estigma sin planear sobre un destino originado por los actos que los demás llevan a cabo en contra del equilibrio de algunos, que poco a poco se pierde, dejan al individuo sin la voluntad necesaria para la supervivencia dentro de la sociedad indiferente. Es ahí mismo cuando se debe de tener respuestas. Idéntica cosa sucede en el momento de arrojar un pedazo de pan a una corriente de agua, al principio mantendrá su forma que luego se irá perdiendo, disminuyendo en tamaño, en la medida que avanza por la corriente de agua  hasta desaparecer por completo.

¿Fue acaso aquel trozo de pan alimento para algún otro ser vivo? Es probable, veamos el porqué y nos daremos perfecta cuenta que la evolución no se detiene pues el efecto será el mismo, la probabilidad del cumplimiento al trazo superior de los acontecimientos karmáticos. Entonces aquí, y por analogía, surge una pregunta nueva ¿cómo funcionaría un caso contrario o hipotético? La repuesta no es sencilla, ni mucho menos corta o aceptable, aun cuando trate de llegar a ésta por las recurrentes  metáforas sin pretender que sean odiosas o atropellen.     

Ocurrió en cualquier parte, nuestro protagonista de corta edad, tímido y ensimismado, comenzó a abrirse el camino obligatorio entre la maraña inmensa de la humanidad, como lo hacen otros, sin la preparación fundamental necesaria para ello, ni tampoco ser consciente de las capacidades con las cuales contaba para batallar, cuestión apenas lógica dada la edad del menor que aun así reconoció de inmediato la belleza estereotipada en la sensualidad irradiada involuntariamente por su maestra, que despertó en él a temprana edad la propiedad de la reproducción, sin aun entenderle. Si sumamos a lo anterior la inadaptación al sistema educativo primario, nos encontramos ante la conclusión siguiente: la formación física y mental del pequeño comenzó en tinieblas, a lo bronco, para enfrentar a la maraña referida antes. 

En medio de los fieros y las rencillas provocadas por los atacantes, el paso de los años continuo inclemente para unos, y el defensor, protagonista imaginario, ganando en cada batalla una herida que le debilitaba a cambio de la templanza intelectual y de espíritu que objetivamente le fortificaban de forma inocultable, cada vez con mayor reconocimiento. Sin embargo no era suficiente, nunca lo ha sido ni lo será jamás, la conquista requiere, aparte de la estrategia, de concatenaciones poderosas  para que el objetivo acepte el fundamento. No obstante la mayor parte del terreno se consiguió, el triunfo fue inobjetable dejando al nirvana más cerca y al Karma, responsable del desenlace, ¿pues sino a quién? ¿Al mismo sujeto? Claro que no, él nunca lo aceptara, tiene que haber una razón sustituta. Un denominador común para el acusador y la defensa, que al dejar de serlo, al materializarse se convierta en la pena ejercida por el verdugo, en su defecto, en el perdón, ósea en la aceptación del fundamento por parte de los conspiradores. 

Con la figura estereotipada del cazador sin presa el escenario se convierte en territorio común para los actores, quienes al reproducirse en proyección geométrica salvaran el derecho a la existencia, convirtiendo a quien descubrió el velo de la lucha desigual, también arcaica, en el dueño de la resistencia real a cualquier opresión manifiesta. Es una ley natural probada históricamente una y otra vez, tanto la opresión como la represión o el crimen, no representan poder público verdadero, éste tan solo existe cuando se da por medios igualitarios provechosos y pacíficos.
El corolario corresponde a cada quien, a cada una de las víctimas, de los victimarios ¿o acaso a la conciencia social presente en todo?      





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Noviembre del 2012.