EL RENACER
Al perder la fe se pierde todo sin referirme al más allá, sino mejor
al más acá, a la vida cotidiana dispuesta por los cabecillas a quienes les
corresponde el momento determinado, a los plazos, sin sabores y ejemplos
dañinos que junto al matoneo, dejan
sembrada la semilla del sinsabor en cualquiera de las capas de la sociedad
donde cohabitamos. Asir involuntariamente situaciones de tal naturaleza, de por
sí, hace daño al grupo menor, a la víctima, puesto que eso es quien hace las
veces de diana, y por supuesto a la sociedad en general que imita, sin
percatarse del daño que ejecuta. A diario lo podemos corroborar en cualquiera de las actuaciones en que
participamos y muy particularmente en aquellas que sirven de medida al
bienestar, o mejor aún, a la calidad de vida de la comunidad ansiosa de mejor
sin antes dar el primer paso consistente en aprender, ceder y compartir.
Aludo a las actuaciones que minan
la fe en la ilusión que se desprende de la inocencia, tan hermosa en los
infantes, pero que puede llegar a ser dañina en los adultos que obran de
acuerdo con ésta; lo contrario, lo contrario es cuanto pretendo demostrar al
sobreponerse quien quiera que sea, al arbitrio de lo injustamente irracional y
proporcionado por lo reconocido, para lo cual no tenemos un remedio aunque sea
casero; esas actuaciones dentro de las cuales sufrimos vejámenes graves que
lesionan nuestra frágil humanidad enaltecida al sobreponerse, irradiando la
dicha que no tienen aquellos, que atacan fortalecidos por mayorías abstractas y
fantasiosas a su vez, formadas por los gestores del caos que desconoce el
imperio de la ley.
La estrategia consiste en atacar
al ser en su estado natural, para que el dominio eterno continúe in perpetuum; la
evolución no es una opción si se tiene en cuenta el sentido de la equidad en
los valores aludidos de enseñanza y distribución con perspectiva de igualdad,
sin que se llegue a confundir con el comunismo en desuso, o sistemas
dictatoriales. La ley siempre será la consolidación en el derecho a esa
igualdad necesaria, ignorarle, perderle en el laberinto de las necesidades
personales, no hace sino entorpecer la evolución o el desarrollo, como se
quiera llamar. Los vacíos, cuando se detectan a tiempo, subsanan una carencia,
que llega a ser perjudicial para alguna de las partes en controversia, seguramente
la minoritaria, o aquella en desventaja, de corregirse a tiempo, las garantías equilibrarían
la fuerza de cualquier resolución. Siendo la democracia la forma política de
gobierno escogida por nosotros los colombianos y por la mayoría de los países a
nivel mundial, que abre las puertas a la participación ciudadana y a la libertad de expresión entre otras muchas
de las virtudes que ofrece, se ensimisma en la custodia del macro poder público
haciéndole suyo, a la vez que aquella es utilizada para perpetuar una teoría
política bajo un determinado territorio y por ende, a cambio, anula la
participación minoritaria desde el punto de vista que hemos venido aquí
tratando, eso no es otra cosa diferente al vacío institucional existente dentro
del sistema.
Dirigir, yo lo digo, seria
encausar al interlocutor por la enseñanza práctica de la existencia compartida
por una comunidad en todos y cada uno de los fenómenos que le conforman.
Negociar es cosa diferente, aunque busque igualmente y ante todo, el bienestar
creado por beneficios tanto económicos como sociales, nunca podremos alejarnos
de ese postulado y es mejor no hacerlo para no terminar con la belleza útil
generada con la creación humana y la natural cuando se le permite, tampoco
podremos olvidarnos de quienes somos, en donde estamos y cuanto somos para
poder operar de acuerdo a lo deducido, solamente de esa manera y con gran
esfuerzo participativo se logrará en el tiempo, un cambio sustancial a favor
del nivel socio económico por el cual luchar, con la enseñanza clara, primero,
aprendida desde un comienzo por el
entendimiento sobre lo estudiado. Segundo, merced a los beneficios diáfanos
y objetivos creados por el sistema reestructurado en ejercicio.
Los impetus intempestivos, la
beligerancia a flor de piel, el rencor y el odio hacia lo diferente, no se
conserva voluntariamente en la idiosincrasia de nuestro carácter, se trata de
nuestras raíces más profundas que allí, dentro de cada individuo, se vienen
sobre cocinando hasta convertirse en veneno mortal, debido a la alquimia
natural negativa, con la cual algunas de las especies vivas cuentan cuando les
cambia el medio ambiente que les mantiene. Esa condición genética no es nueva,
tampoco cuenta con cuarenta o sesenta años, o cuantos se puedan contar, de
existencia. La verdad única y escrita con sangre en el sentido vetusto de la
historia, es mayor a varias centurias de incomprensión que clama por impedir el
dejar cerrar ante nuestros ojos, esa ventana abierta por donde podemos observar
e integrarnos, el comienzo de una nueva era en paz y advenimiento, de igual
manera en el campo verde y florido, que en las ciudades bellísimas de nuestro
territorio; nuevamente imitando la naturaleza, esta vez por medio del ave
fénix, criatura especial que renace engrandecida y limpia, de sus propias
cenizas.
https://www.youtube.com/watch?v=I5jZcTMXVpM
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Mayo 2016 