16 feb 2015
DEPRSIÓN
DEPRESIÓN INVOLUNTARIA
Tengo al estereotipo perfecto
para el caso: Hugo, a quien seguramente ustedes ya conocen, mi amigo, el
migrante latino por tierras Europeas en busca de mejor fortuna y un amor tan ligero como un ángel con sexo etéreo
definido al libido eterno por el cielo escondido, que además esconde otra gran
cantidad de dones apetecidos con ahínco, de los cuales Hugo en su andar cauteloso,
aunque igualmente con la ambición natural, de llegar a disfrutar de alguna de
esas glorias, ansiaba aunque fuese por aquello de la época festiva venidera;
que por fortuna, siempre hay una.
El frío anonadaba al más
encorajado de los transeúntes matutinos de aquella ciudad hospitalaria, a todo soñador de un día
nuevo recién despertado; entre la hojarasca pisoteada por los gladiadores que
en mayor o menor grado, cargan con la manía excesiva de la depresión, contraída involuntariamente y
contra la cual luchan con fiereza. Andan al igual que cualquier otro enfermo,
tristes, con la esperanza escondida y sin la capacidad de reconocer su propio
mal en progreso que les obliga a comportamientos ajenos a la voluntad propia,
en una dirección determinada y escogida a gusto, de acuerdo con cuanto de ellos
mismos reconocen como prioritario bajo la reflexión continua a la que se
someten tratando de atenuar el reclamo de la conciencia, confirmando su
equilibrio por la culpa de los logros dejados de alcanzar. Este no es el fin de
la historia para Hugo, ferviente seguidor de las ideas confiadas a él por los
estoicos y con las cuales para bien o no, también carga. La historia es mucho
más compleja de lo que parece y se irá completando en la medida que el tiempo
la hilvane, en su defecto, desarrollando
entre uno, Hugo el protagonista y el resto de los competidores, que a su vez
causan la sintomatología depresiva en aquel.
La regresión psicológica
personal en una dirección consiente, puede llegar a ayudar en el entendimiento,
aun cuando no en la cura, del terrible mal padecido tanto por Hugo como por
muchos de quienes conocemos sin darnos cuenta de ello. Resulta que el mal no
viene solo, no viene porque sí, el mal es contraído de fuera de nuestra
propiedad cognoscitiva, no creo sea propio del ser humano natural. Entendiendo
el fenómeno como tal y en sentido hipotético, podríamos comenzar a enumerar una
infinidad de razones, todas valederas de su origen hasta llegar a la conclusión
poco estimulante, de estigmatizar a la propia sociedad, encabezada por el
gobierno de turno (partidos políticos) de la salud mental como el divisor común
del conglomerado general que la soporta.
¿Como no se deprimirá
Hugo y quienes una y otra vez ven en el sistema el vehículo adecuado para con
éste, ser atropellados en derechos y buena fe, sin remedio objetivo? El sistema
trata de proveer a todos los miembros que le componen, conglomerados humanos pertenecientes
al mismo sistema, de los medios
necesarios para la conservación de ellos, los precursores, y del resto del
estamento, con el único fin del derecho fundamental e inviolable de la
supervivencia, sin el cual no tendría razón de existir aquello que pretende su
autodestrucción. Los miembros del sistema deberían de exigir, antes de ser
probados ante el mercado correspondiente, su preparación a atender la problemática cotidiana del nivel
primario en las operaciones dinamizadoras del ciclo socio-económico. La
salvedad del sistema no puede ser improvisada, mas bien ajustada desde el mismo
objetivo a los hechos fundamentales.
La salud citadina proviene en
gran medida, sin lugar a duda alguna, a la calidad de vida absoluta de cada uno
de los allegados a las diferentes localidades que le componen a
lo largo del territorio nacional. De ésta forma la prueba personal consistirá
en orientar el camino por donde transita con su propia voluntad o por agentes
externos desconocidos para el protagonista; entre los gladiadores mencionados
siempre encontraremos héroes y vencidos aun cuando, varios de estos
protagonizadores, exhiban el trofeo de un triunfo aparente. Los espectadores
seriamente aplaudirán al triunfador, no obstante el reconocimiento siempre se
plasmara sobre quienes superen el mal padecido.
Imagen: Pablo Picasso: La vida
Cleveland Museum of Art, Cleveland.
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Febrero 2015
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5 feb 2015
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