21 jul 2013

IRMA LA DULCE




   IRMA   LA   DULCE



No vayan a pensar que la única Irma dulce que existe es la representada en la película excelente que dirigió  Billy Wilder, quien falleció en el año dos mil tres a la edad de noventa y cinco años en Hollywood, Estados Unidos, la historia que lleva su nombre, “Irma la Dulce”, ocurre  por allá en 1963 y fue representada por la hermosísima Shirley MacLaine que hoy en día cuenta con setenta y nueve años de edad y sigue tan radiante. No señores, pues no, y para comprobarlo les voy a relatar la historia de Irma la más dulce de todas las dulces que puedan llagar a imaginar, incluyendo y mejorando, con el debido respeto,  a la hermosa “Irma la Dulce” de  quien hablará antes.  

Todos éramos adolescentes sin sobrepasar de los catorce a los quince años de edad, Tanto Craig como yo pertenecíamos al mismo grupo de amigos que de vez en cuando deambulan por las calles en busca de emociones fuertes después de haber encontrado la fórmula bajo la cual la sociedad sería perfecta y nosotros, quienes le implantarían y líderes del mundo. Craig, futuro esposo de nuestra Irma, era natural del quinto continente, allí donde todos los hombres son vaqueros, cuestión que no es cierta, pero si efectiva para contrariarle, ganando de esta manera el terreno perdido ante él que me aventajaba, a mí, cuestión sencilla y a los demás,  en casi todos los aspectos con lo cual los jóvenes compiten. Sin embargo, se trataba de un gran compañero con un alto sentido del entendimiento sobre la humanidad. Es la clase de persona que su respuesta es un sí, prácticamente a cualquier cuestión en conflicto, para luego negociar la retribución por lo otorgado. Aun no entiendo como pero créanme, así era Craig así lo hacía y con éxito en la mayoría de las ocasiones.

Nuestra Irma era en aquella época, una muchacha encantadora de ojos azules profundos, cabello castaño claro, facciones finas, bien demarcadas y proporcionadas en el rostro al igual que en el resto de su cuerpo robusto que movía agraciadamente para el disfrute de cualquiera que tuviese la suerte de apreciarle, incluso antes de cruzar alguna palabra con ella, pues en ese instante se olvidaría, el interlocutor de Irma, de cualquier otro asunto que no fuese la presencia del ángel que tenía en frente sonriendo, e invitando sin proponérselo a fantasear. Irma en cuestión de  edad, era algo mayor que la mayoría del grupo, nos aventajaba en los estudios por uno o dos grados, por lo tanto también generaba más respeto que cualquiera otra compañera de andanzas aunque esa no era propiamente la razón por la cual le buscábamos, incluso la espiaba, con asiduidad para gozar de su compañía, y de sus experiencias traducidas en enseñanzas solaces.  

Recuerdo tal y como si hubiese sido ayer, la tarde imborrable de la memoria de cualquier hombre, cuando la luz del día comienza a desvanecerse y  la noche se precipita sobre el espacio que ocupamos, en el cual nos encontrábamos ella y yo a solas, bajo la frondosidad de los árboles que nos rodeaban e ilusionaban con un cambio de color en la medida que la tarde se entrega a la noche que avanza. Hacia tan solo unos pocos minutos, que por suerte me separe del resto de los amigos luego del juego de futbol que llevamos a cabo, cuando al dirigirme a casa ansioso y melancólico  me encontré con Irma: bella radiante y dulcemente provocativa como siempre. Vestía una falda de pliegues no muy ancha color gris claro y una blusa blanca impecable algo abierta en la parte del cuello, tras de ésta se apreciaba una cadena de oro con una imagen como dije. Sus zapatos combinados de color verde,  y las medias de nylon permitían fácilmente apreciar  un par de piernas con la perfección milimétrica de la simetría bajo el cuerpo que las acoplaba. 

Mientras  trataba de  recuperar el sentido de orientación,  permitiendo a las mariposas que revoloteaban dentro del estómago calmarse y tomaba un segundo aire, ella jugueteaba enroscando entre sus dedos su propio pelo a la altura del cuello, al tiempo de acercarse a mí con paso lento, parsimonioso, seguro. «Hola cariño» fue su saludo. Claro está que el aire que antes tome no fue suficiente, el cuerpo no se animaba a reaccionar ante la causa personificada de esa melancolía que no alcanzaba a comprender. La lengua se paralizo y la voz no salía, no podía modular palabra, ella era demasiado bella, demasiado alegre y descomplicada;  finalmente logre componerme sonreír tímidamente chantándole, de saludo, un beso en la mejilla que recibió complacida al tiempo de iniciar conversación. Luego, guardamos un rato de silencio apreciando como la simbiosis de los alrededores pareciera ponerse de acuerdo para entrar en el letargo del descanso diario. No obstante, ella persistiría en continuar con la conversación brindando en ésta el calor necesario entre nosotros que animaba a continuar. Pareciera que sus ojos brillaran más a cada instante al tiempo que la oscuridad se acentuaba, el aliento que emanaba rosaba la piel de mis labios alertándoles tanto como al olfato y al resto de mis sentidos, de pronto sentí esos labios que tantas veces aprecie en silencio sobre los míos y a sus manos, acariciando mi cabello y cuello. 

Irma, al darse cuenta que el nerviosismo no me daba tregua, disminuyo en sus ímpetus convidándome a caminar hasta la casa. Ya por el trayecto y sin parar con el encantamiento de las caricias que traíamos me pidió que no estuviese nervioso que todo era natural, que contábamos con la suerte del encuentro y de la ausencia de sus padres en casa. Me hablo sobre nosotros de la intuición que siempre mantuvo en cuanto la atracción que ejercía en mí y ella por ningún motivo  iba a romper, todo lo contrario, le quería consumar ante una separación eminente antes de partir. Al cerrar la puerta tras nosotros dejo que los instintos obrasen por ella y sus labios, que tanto aprecie, repetían sobre mi rostro los besos más dulces y agraciados que hubiera imaginado, o algunas otras ves recibiese en circunstancias siquiera parecidas. Sucedió  a lo largo de toda una noche, para el recuerdo de ambos.                       


                        
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    Julio 2013