6 oct 2011


El cine



Tiene la particularidad en las películas que escojo de impresionar atenuadamente por el manejo del tema que trata, aparte de algunas, muchas, otras razones; sus tramas llegan incluso a parcializarnos sobre una causa particular, a definir estilos de vida, dichas, esperanzas, amarguras. Es el plan ideal para cualquier ocasión como podría ser el inicio de un romance duradero, el sosiego para una tarde brumosa, el después de algún acontecimiento inusual,...


Es el cine y solo el cine el vehículo que por medio de imágenes en cuadros fantásticos, proyectados en la pantalla, nos aterriza en una butaca de la cual no queremos levantarnos hasta llegar a digerir ese tema glorioso y complicado que nos enseña realidades inimaginables en cualquier otra circunstancia. Muestra situaciones sin razón llenas de objetividad, precisas, inconfundibles. Una buena película a cualquier momento es simplemente la panacea en cualquier cultura.


Sin embargo como en todo aquello que agrada al público que quiere repetir una y otra vez, se comienza a pecar por parte de los productores con la falta enorme que corrompe al sistema de raíz, la especulación. Los temas son cada vez mas grotescos, sin gracia y espantosos en pleno sentido, convirtiendo la cartelera en algo simple  horrorosamente grotesco, y ni que decir de las películas que enseñan en la televisión por suscripción; no obstante fue precisamente aquí donde me encontré con el odioso tema, aunque tratado maestralmente de parte de la dirección hispana, del “bulling” que en Colombia comienza a distinguirse discretamente, según algunos medios. El acoso se da de múltiples formas: el laboral, el sexual, el moral, entre otros y el que ahora me ocupa, el escolar que parece no es otra cosa diferente al trauma social acaecido generación tras generación con la evolución correspondiente, en la medida que se va gestando en una nueva criatura que crecerá al ritmo de la misma influencia de una u otra manera.


El agresor no esta inventando nada, como se dice popularmente, tan solo descubre el agua a temperatura templadita, y aprovecha los réditos otorgados por las propias víctimas formadas de a poco por él o el resto de los agresores y así afianzar el poder creciente que con ahínco le fortalecerá para continuar la malévola tarea emprendida en contra del sistema, puesto que todos los integrantes del mismo conocen, aun cuando pareciera imposible, de los atropellos, los cuales les pueden alcanzar en las condiciones de las víctimas.


El agredido, víctima de las circunstancias y miembro indiferente del sistema, en un principio se resigna a su propia suerte con la convicción de la esperanza; que pronto los agravios pasaran, que ya ha pagado el precio, que ahora puede pertenecer de nuevo al rebaño domesticado; no obstante el auto engaño dura poco y la reincidencia no tardara, la dificultad para el agresor ha sido superada, lo difícil era entrar en confianza determinando el territorio y sin quererlo, demostrar otra perspectiva de debilidad bajo la cual el sistema debe desarrollar desarrollo y seguridad.


Recuerdo perfectamente una tarde de primavera en la ciudad de Washington, cuando Kathy me pidió que entráramos al cine, era una de esas películas de Igmar Bergman en donde el director en vez de sacar del sombrero de copa hacedor de milagros, lo necesario para lograr el disfrute del público; hace todo lo contrario, introduce dentro del sombrero al mundo entero, sus gentes, pueblos montañas para después de batirlo un poco, dejar a los espectadores (nunca me entere) o bien fuese en vilo, o dueños poderosos del contenido dentro del sobrero. Sin liquidar, sin destruir, sin final feliz, tan solo acabo con cuanto se conoce brindando una nueva oportunidad a la existencia. Nuestras manos permanecieron entrelazadas con fuerza hasta salir de la sala del cine y sin mediar palabra, poder corroborar que el mundo aun existía, que la algarabía continuaba y las terrazas en donde tomar un café se encontraban en funcionamiento repletas de otras parejas risueñas.





© Hoo77
Septiembre del 2011

Picture: GH