11 may 2014

JACK EL PIRATA II



JACK EL PIRATA

II
Jack mantenía serias dudas sobre las intenciones verdaderas del capitán William. Todo cuanto sabía de él era su disposición enfermiza hacia la revuelta  que siempre promovió incitándole, dirigiendo por una u otra razón siempre beligerante, así mismo egoísta. No le determinaba en lugar alguno, era simplemente indescifrable, guardia de alguno de los reinos dominantes de la época en el Adriático o en el Mediterráneo, quizás para varios y no para uno solo, o quizás para los dominantes en el Caribe  ensoñador. Otras veces pensó de él que era tan solo un comerciante aprovechado de las circunstancias que una patente, como lo era la de corsario, le brindare, esgrimiendo esta cualidad ante terceros de quienes obtenía algún provecho incluyendo la información que en momentos determinados, por no decir que a toda hora, necesitaba y sabia darle un buen uso, lo malo era que el provecho de ese uso tan solo a él serviría y  no  a ninguna otra persona diferente. 

A cambio Jack era sincero, para comenzar con su propio ser, luego con Martha a quien amaba en secreto, hasta los confines de todos los océanos conocidos y por conocer; además ella representaba el sol, la luna y las estrellas, todo junto, pues sin ella la vida no tenía calor ni explicación de ninguna índole, lo mismo le daría quedar solo en la isla donde se encontraba con todo y tesoros, que ser el duro, el príncipe, el más más de lo más. Tal vez debido a esa intuición la encontró y por ningún motivo estaría dispuesto a perderle,  mucho menos a permitir el rapto, o intromisiones de otros, entre ellos o a los sueños compartidos por ambos. Sin más dilaciones era imperativo diseñar la estrategia para recuperarle de inmediato, tarea bien difícil dada las circunstancias en las cuales se hallaba, aunque algo tenía en mente madurando,  ideando la forma que le diese cuerpo a esa idea o cualquier otra. Complementar la acción con los pertrechos actuales disponibles, almacenados poco a poco en la isla  para cuando algún suceso, aunque no fuese de la gravedad del actual, los requiriere sin importar cantidad, ni dificultad en la manipulación.

Frente a las cartas náuticas con que contaba, trato de determinar la posible posición, entre varias alternativas, a donde su buque, y el del capitán William podrían encontrarse ubicados buscándole, a la vez de esperar que apareciere, puesto que no se darían por vencidos fácilmente en el asedio que le mantenían, a él personalmente como opositor de las intenciones de William y al tesoro que ocultaba, sin que nadie tuviese la menor idea de donde pudiesen estar escondidos, en cambio se daba por entendido que el tesoro pretendido por el capitán William, los amotinados e incluso otras naciones, era superior a cualquier otro del cual se tuviera conocimiento, o pudiera ser transportado por una sola nave de manera segura hasta los reinos del mar del Norte, o siquiera al estratégico puerto de Cádiz entrada al Mediterráneo cercano. Percibía con seguridad absoluta que ambos buques aún se encontrarían en alguna parte del conglomerado de islas en la zona a donde les dejo hacia pocas semanas, al Sur oeste de Nassau, zona compleja tanto para buscar un fugitivo; debido a la gran cantidad de islas allí existentes, habitadas por una población escasa con diferentes razas, costumbres y credos;  como de esconderse, debido a las mismas razones y la dificultad que presentaba la poca profundidad de las aguas que les rodeaban, cuestión que favorecía a Jack localizarlos en caso de ir a ellos.

Según parecía el destino tenía dispuesto confabularse con los planes de Jack al enviar hasta donde se encontraba a un grupo de tres de sus mejores hombres para cumplirle reiterando obediencia, demostrando aprecio y lealtad. En efecto, con las primeras luces de aquel día, despunto en el horizonte de la misma playa; a donde con Martha pasaban desnudos momentos continuos de idolatración mutua bajo la cúpula celestial oscura, iluminada, misteriosa que les cubría, deseando hubiesen sido interminables, y a donde pensaban radicarse, construir y desde allí mismo, dejar que la nueva Roma surgiese desde aquellos parajes colmados de autenticidad y belleza sin igual en el resto de la tierra; un pequeño punto que en la medida en la cual avanzaba se hacía mayor y por consiguiente reconocible para Jack, se trataba del viejo modelo de la embarcación rehecha con su dirección  personal, para transportar cargas de escaso volumen pero con peso significativo, pudiendo ser maniobrada por pocos hombres conocedores del trajín que los movimientos marítimos reclaman.    


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    Mayo  2014