JACK
EL PIRATA
II
Jack mantenía serias dudas sobre las intenciones verdaderas
del capitán William. Todo cuanto sabía de él era su disposición enfermiza hacia
la revuelta que siempre promovió
incitándole, dirigiendo por una u otra razón siempre beligerante, así mismo
egoísta. No le determinaba en lugar alguno, era simplemente indescifrable,
guardia de alguno de los reinos dominantes de la época en el Adriático o en el
Mediterráneo, quizás para varios y no para uno solo, o quizás para los
dominantes en el Caribe ensoñador. Otras
veces pensó de él que era tan solo un comerciante aprovechado de las
circunstancias que una patente, como lo era la de corsario, le brindare,
esgrimiendo esta cualidad ante terceros de quienes obtenía algún provecho
incluyendo la información que en momentos determinados, por no decir que a toda
hora, necesitaba y sabia darle un buen uso, lo malo era que el provecho de ese
uso tan solo a él serviría y no a ninguna otra persona diferente.
A cambio Jack era sincero, para comenzar con su propio ser, luego con Martha
a quien amaba en secreto, hasta los confines de todos
los océanos conocidos y por conocer; además ella representaba el sol, la luna y
las estrellas, todo junto, pues sin ella la vida no tenía calor ni explicación
de ninguna índole, lo mismo le daría quedar solo en la isla donde se encontraba
con todo y tesoros, que ser el duro, el príncipe, el más más de lo más. Tal vez
debido a esa intuición la encontró y por ningún motivo estaría dispuesto a
perderle, mucho menos a permitir el
rapto, o intromisiones de otros, entre ellos o a los sueños compartidos por
ambos. Sin más dilaciones era imperativo diseñar la estrategia para recuperarle
de inmediato, tarea bien difícil dada las circunstancias en las cuales se
hallaba, aunque algo tenía en mente madurando, ideando la forma que le diese cuerpo a esa
idea o cualquier otra. Complementar la acción con los pertrechos actuales disponibles, almacenados
poco a poco en la isla para cuando algún
suceso, aunque no fuese de la gravedad del actual, los requiriere sin importar
cantidad, ni dificultad en la manipulación.
Frente a las cartas náuticas con que contaba, trato de determinar la
posible posición, entre varias alternativas, a donde su buque, y el del capitán
William podrían encontrarse ubicados buscándole, a la vez de esperar que
apareciere, puesto que no se darían por vencidos fácilmente en el asedio que le
mantenían, a él personalmente como opositor de las intenciones de William y al
tesoro que ocultaba, sin que nadie tuviese la menor idea de donde pudiesen estar
escondidos, en cambio se daba por entendido que el tesoro pretendido por el
capitán William, los amotinados e incluso otras naciones, era superior a
cualquier otro del cual se tuviera conocimiento, o pudiera ser transportado por
una sola nave de manera segura hasta los reinos del mar del Norte, o siquiera al
estratégico puerto de Cádiz entrada al Mediterráneo cercano. Percibía con
seguridad absoluta que ambos buques aún se encontrarían en alguna parte del
conglomerado de islas en la zona a donde les dejo hacia pocas semanas, al Sur oeste
de Nassau, zona compleja tanto para buscar un fugitivo; debido a la gran
cantidad de islas allí existentes, habitadas por una población escasa con
diferentes razas, costumbres y credos; como
de esconderse, debido a las mismas razones y la dificultad que presentaba la poca
profundidad de las aguas que les rodeaban, cuestión que favorecía a Jack localizarlos
en caso de ir a ellos.
Según parecía el destino tenía dispuesto
confabularse con los planes de Jack al enviar hasta donde se encontraba a un
grupo de tres de sus mejores hombres para cumplirle reiterando obediencia, demostrando
aprecio y lealtad. En efecto, con las primeras luces de aquel día, despunto en
el horizonte de la misma playa; a donde con Martha pasaban desnudos momentos
continuos de idolatración mutua bajo la cúpula celestial oscura, iluminada,
misteriosa que les cubría, deseando hubiesen sido interminables, y a donde
pensaban radicarse, construir y desde allí mismo, dejar que la nueva Roma
surgiese desde aquellos parajes colmados de autenticidad y belleza sin igual en
el resto de la tierra; un pequeño punto que en la medida en la cual avanzaba se
hacía mayor y por consiguiente reconocible para Jack, se trataba del viejo
modelo de la embarcación rehecha con su dirección personal, para transportar cargas de escaso
volumen pero con peso significativo, pudiendo ser maniobrada por pocos hombres
conocedores del trajín que los movimientos marítimos reclaman.
© Hoo77 & la vida cotidiana.
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Mayo 2014