16 sept 2010








AL IGUAL QUE AYER


Ahora, cuando los años han pasado y estamos lo suficientemente cerca de comenzar ha saborear la experiencia, recuerdo un lugar no muy remoto desde donde las historias llegan retumbando al compas del orgullo por lo alcanzado. Observo las calles, las avenidas, cada una de estas adornada con tradiciones y reminiscencias  placenteras, otras no tanto. Por ejemplo, la edificación de la primaria donde pase unos buenos años, en cantidad, la calidad era exclusiva para algunos pocos, se encontraba en la esquina de una de esas hermosas avenidas de doble calzada limitante de las quintas inmensas rodeadas con cerezos y alcaparros que por la ventana de los salones de clase se alcanzaban a divisar, lo cual era un gustazo indecible, ya que la inclinación del terreno hacia que parecieran como si estuviesen bastante por encima de nosotros, invitando  la imaginación a recrearse poniendo los cuentos que leía de relieve en imágenes dimensionadas entre el vecindario.


Peter se presento en el salón de clases un día como cualquier otro cuando el año escolar avanzaba por su segunda etapa. Venia de Europa del Este, sin español del todo, ha residir por algún tiempo en nuestro país. Voluntariamente me ofrecí a enseñarle nuestra lengua a cambio de  que él me enseñara la suya. Dicho y arrancamos de una, con libreta de calificaciones de diseño personal y toda la seriedad que se le pudiese dar al asunto. Fue así como se comenzó a manifestar una directriz sicológica, iniciada por el dominio Budista, indeleble e importante en el resto de la obra que igualmente comenzaba a iniciarse, por consiguiente carente de cualquier pasión.


Una tarde, aprovechando la ausencia de la profesora en el salón de clase, Peter y yo nos dedicamos al estudio inocente de los idiomas cuando de repente se formo la algarabía, liderada por el inquieto, corpulento e inteligentísimo estudiante de cinco+ en cada asignatura, a quien todos seguíamos, incluyendo los profesores, primero fueron los bodoques y las bolas de papel presionado, luego la tiza fue usada como munición sin un blanco definido, eran todos contra todos terminando, aparte de los proyectiles con insultos, en todos contra Peter el muchacho novato y diferente de otro mundo quien no hiso absolutamente nada para defenderse, yo desconcertado de los sucesos me intranquilice sin saber qué hacer; en esas entro Anita, la maestra, golpeando con su propia mano y mucha fuerza el pupitre hueco que le servía de base – de que se trata todo esta patanería – decía voz en cuello, mientras sus ojos despedían rayos y truenos. Los compañeros al unisonó miraron hacia el aplicado+ (plus) éste sin pensarlo, dirigió su mirada directamente hacia mí, se encontraba frente de nosotros, de Peter y yo, luego sin dudarlo por un instante dijo – él fue, señalándome con el dedo, quien inicio todo profe, él tiene la culpa -


La defensa: nula por completo ante semejante aseveración sostenida y corroborada por la mayoría ¿a quien podría importarle que Peter fuera mi  mejor amigo, quizás con el único de los compañeros que aun sin entender bien el idioma personal con el cual cada uno se expresaba, nos entendíamos de maravilla? Tan solo faltaron las lagrimas tratando de evitar la degradación de la cual era objeto en aquel momento siniestro, en adelante los castigos pululaban, me sobraban a tal grado que perdí la medalla de premiación; en idéntica medida conocí personalidades nuevas dispuestas a cualquier cosa con tal de satisfacer ese ego oscuro que mantenían. A Peter, sus familiares le retiraron del cole antes de terminar el año escolar, no le volví ha ver nunca más.    


La obra continuo su transcurrir imparable despertando las pasiones de los jóvenes permeables a cualquier realidad de tiempo y de lugar, cualquier emoción que no enfrentase una determinada forma de pensar, de conservar aquello que el arquetipo impreso demandare. Conservando estos lineamientos básicos en la medida justa, los hombres contaban,  mucho más antes que ahora ante la igualdad de los géneros de hoy, con la libertad de su propia destreza para abrirse camino a través de la jungla de concreto en que las ciudades se han convertido y las cualidades personales se exigirán con rudeza en la medida que las responsabilidades sean mayores. Esos escenarios donde las fuentes del perdón son la escenografía precisa para redimir las faltas, solo trabajan para los políticos de buena voluntad en busca de protagonismo, o para los enamorados acusados por la pareja de hechos tales como el no confesarles su amor asiduamente, no para los ciudadanos corrientes e independientes, que nada deben, victimas de acusaciones como la vista, o peor aún, del dirán por decir sin fundamento, en donde lo expuesto por cotilleros (as) sin oficio, que tras escuchar al otro lado de la bocina telefónica, harán correr la burbuja que se inflara hasta cuando los hechos demuestren lo contrario. De ahí el enfrentamiento continuo de la pasión, contra la moral individual, que como en cualquier otro reto el vencedor será la fortaleza del deseo.

A todas estas hemos dejado de lado el papel que en la obra juegas la inocencia y digo que la hemos dejado de lado tan celosamente custodiada, por cuanto la cual inevitablemente se romperá bajo el desbarajuste de las circunstancias. Es ahí cuando los verdugos, las victimas, los indiferentes y los cuánticos, conocidos o no, que de alguna forma podrán influir en los demás, se formaran.    


La sentencia tan solo será sufrida, sí llegare ha concientizarle, por cada individuo, aun cuando la pena haya sido decretada para la integridad de los protagonistas con suficiente anterioridad y forzoso cumplimiento de principio a fin.



Picture: GH

© Hoo77
Septiembre del 2010.