19 nov 2006

N I N F A


Les he contado que soy ciento por ciento fan de la Internet, desde hace varios años, sin interesarme mis fallas personales como pueden ser las ocupaciones cotidianas que le restan ánimo al alma esta afición, que mas allá de fascinarme le amo, e intento cumplirle satisfactoriamente. Así, de esa manera, una vez en la red, luego de muchas idas y venidas, de aprendizajes, ordenamientos, e imaginación para lograr continuar, ingrese finalmente en la red, me deje atrapar por ella, por aquella cantidad de alternativas para llegar a encontrar aquello que tanto buscamos incansablemente. Aparecían, en el monitor, imágenes desconocidas, paisajes eternos que quería conservar en la retina tal como les apreciaba entonces, pero no era suficiente, la navegación continuo, de igual forma que el aprendizaje, por toda clase de sitios hasta descubrir un anuncio que despertó por completo mi curiosidad y posiblemente, serviría en la búsqueda de la alquimia secreta que todo hombre guarda, le seguí, y efectivamente, pronto me encontré frente de un gran portal el cual ofrecía diferentes maneras para conocer al amor perfecto, compatible, e igualmente deseoso de abolir aquellos mismos deseos de insatisfacción, para entregarlos, virtud a la magia, bajo el deseo de conservar y construir nuevos modelos de amor y comprensión.

Al ingresar, luego de ubicarme en la ventana que escogí, comenzaron a aparecer, al igual que sucedió con los paisajes, hermosísimas mujeres en diferentes vestimentas y poses reales, que hacían imposible tomar una determinación hacia alguna en especial, no obstante, guiado por la emotividad del momento, al tiempo de imaginar, que en ella sucedía lo mismo, decidí enviarle un mensaje a Ninfa, la bella mulata que me atrajo con un afán indescriptible.

Al compás de la espera, de una respuesta por parte de Ninfa, observaba su foto, la expuesta en el portal donde le encontré, una y otra vez; al unísono con los días, y los meses que pasaban, sin que yo obtuviese su respuesta o un mensaje de cualquier tipo; la piel bronceada, los ojos grandes de mirada significativa, los pómulos salientes sostenían una sonrisa perfectamente virginal, proveniente de una boca llena de sensualidad donde se entreveían unos dientes blancos, perfectamente simétricos, contrarrestando el resto de la imagen de una maja madura, deseosa y curiosa ante los placeres de la red, tejida por el hombre, para atrapar lo atrapado distantemente y llegar a ello, se supone, en ambas direcciones.

Un día, navegando por los mares del Norte, N - NE, mientras pensaba en Ninfa lo cual se convirtió en habitual, apareció la señal en la computadora de un mensaje nuevo. De inmediato le abrí leyendo la primera frase “De Ninfa”. El cuerpo se me estremeció poniéndose en alerta de la cabeza a los pies, los ojos querían saltarse de las órbitas y la ansiedad no me dejaba prácticamente ni leer su contenido el cual mas o menos decía - Hola, gracias por escribirme -.
_Te ofrezco mis disculpas por no haber respondido antes tu mensaje; no había podido venir al café Internet. Me encantaría que pudiéramos escribirnos. Deseo conocer un poco de ti, espero que no te molestes porque te estoy tuteando_.
- Hasta pronto -.

Total, le respondí de inmediato tratando de decirle en una sola frase cuanto le deseaba. - Me encanta que me escribas -. El siguiente mensaje no tomo tanto tiempo como el primero, decía, - Me encanta el poder escribirte.
Luego vinieron las llamadas telefónicas y los diálogos directos sin que la pasión recién concebida,
mermara para nada, antes todo lo contrario, aumentaba en la medida de nuestros mensajes y conversaciones. Yo, sorprendido gratamente de encontrarme dialogando con una vallenata, insistía en viajar allí, ella renuente, al tiempo de indecisa, aunque de mi parte, lo único cierto era el deseo de verle personalmente y cada vez que podía, insistía más en ello, hasta llegue hacerlo, en blanco y negro, con la nostalgia y también, la alegría del son.

El siguiente vuelo a la costa era a las siete de la mañana y yo estuve abordo. A las seis cuarenta y cinco de la tarde, del día siguiente, Ninfa se encontraba conmigo caminando por la playa, fue una larga espera, pero bien valió la pena, ahora entiendo mejor el ritmo vallenato y hasta tengo una canción preferida junto con ella, quien finalmente entendió, como yo, que de la red, lo mejor es conocer la canción que preferimos.
EL SON

Estaba en frente de una consola cuando ella de pronto se apareció,
que muy bonita, coloradita, me echo los perros, y yo caí,
quise irme por entre los cables de la pantalla donde le vi.,
pero la ingrata se me esfumo,
se fue de ronda, se fue de compras, en todo caso ya no le vi.

Al, otro día volví a intentarlo y mas bonita se apareció,
le ofrecí la luna, la misma tierra pero la ingrata ni se sonrío,
le dije negra, es que te amo, sin ti no puedo ya ni vivir,
frunció el ceño, me dijo mientes no soy sino otra, y luego colgó,
enamorado, le envíe una carta que rechazo, insistí en ello, hasta que acepto.

Me fui corriendo, mejor volando, hasta la tierra del vallenato,
Tras una espera de mil demonios, se dejo ver,
Que muy bonita, coloradita, me echo los perros y yo caí,
Camine con ella, llena de gracia,
sobre las aguas, por las estrellas, llenos de arena y de ilusión.

Que muy bonita, coloradita, me echo los perros y yo caí,
Eres la única, la mas hermosa, no existe otra en toda la red.
La luna es tuya, esta en tus ojos, con las palmeras, el cielo, y yo
Ésta es tu casa, ésta es tu tierra, aquí no tienes porqué llorar,
Que muy bonita, coloradita, me echo los perros y yo caí.


© Hoo77.
Noviembre del 2006