TAN SOLO ESPERO
Poder brindarte aquello que
siempre deseo compartir, tiempo pensamiento. Asuntos conservados con orgullo.
Ni te hallo ni te encuentro.
Ni te hallo, ni te encuentro aun
cuando conservo el recuerdo y la esperanza, en veces fuerte otras no, de tu
regreso amoroso y apasionado.
Cuando el deseo decae, la furia
se manifiesta y las millas que me separan de ti parecen cortas, contándoles por
centenares, tu figura aparece, sonríe
prometiendo, me calmo te recuerdo.
Me repito que figura más hermosa,
que sonrisa tan especial
esa que sabes darme aplacando lo
natural.
Para no dejar el cuento
incompleto, e insaciada la curiosidad de algunos, la historia con Nora fue la
siguiente. Resulta que Alberto, amigo personal y operador turístico de la zona,
tenía por aquella época cierto enredo de pareja con Nora, cosa de ellos que yo
respetaba aun cuando alguna vez le cubrí la espalda en uno de esos encuentros
extras, mejor dicho, fuera de la relación de pareja, además los tres éramos
buenos amigos y fueron varias las ocasiones en las cuales departimos copas o
salíamos a las disco. Nora era, o es, una mujer abierta a las nuevas
sensaciones y acostumbrada a obrar de acuerdo con sus prioridades y deseos
desconociendo la palabra no como respuesta. Ella dispone, es
juez y parte hiciese cuanto fuera su querer en un momento determinado, bajo sus
instintos narcisistas, su propio mundo del cual se venía apropiando, debe de
plegarse, por lo tanto ella y tan solo ella es la palabra cierta en cualquier
comentario u opinión. Los demás pecan, Nora no, en cambio sí les cuestiona.
Fue así como por aquellos días
conocí a la verdadera Nora, dueña de sí y capas de confrontar a su albedrio
contra cualquiera que lo estimase conveniente hasta lograr el propósito que
buscara, fuese cualquiera que fuese ese propósito, venganza, egoísmo o cualquier otro. También sabía esperar y la
oportunidad se le presento servida en bandeja de plata. La temporada del
turismo ya culminada le facilito las cosas aún mucho más y a sabiendas de los encuentros extras de
Alberto encubiertos inocentemente por mí y de que él se encontraba por
regresar, fabrico la comedia que tan solo alguien como ella es capaz de
elaborar, propia de su mente mordaz, sin medir para nada las
consecuencias.
Resulta que en mi calidad de
migrante son varias las situaciones a las cuales te ves expuesto en momentos
determinados por diferentes razones; te expresas diferente al igual que tus
opiniones, tampoco luces al igual que los lugareños; aunque esa no es el motivo
principal que me embarga en el momento, tampoco la de cuestionar a Nora en su
manera de ser y de pensar, eso no me atañe ni me interesa con nadie. No, la
razón verdadera motivo de mi congoja, fue la perdida de la confianza, o como
atenuante la siembra de la duda hacia este pobre romántico empedernido por
parte de ese ser maravilloso que tú eres. Sucedió en alguna oportunidad, cuando
Nora preparo una cena especial para nosotros: ella Nora, Alberto, tú y yo. La
conversación giró en torno del sufrimiento humano, se escuchó decir de alguno
de los allí presentes «Conozco muchas personas, algunas de ellas amigos y
amigas, que sufren por diferentes causas bien sean esas causas provenientes de
estadios físicos, espirituales o sicológicos. Esas personas, pueden, de a poco,
ir reconociendo su sufrimiento personal y de esa forma le superaran paso a
paso; pero ¿qué pasa en el entretiempo?
Quiero decir ¿antes de lograr la superación personal propuesta deseada?
¿Y que de aquellos quienes acompañan íntimamente al sujeto en su dolor físico Tendrán
derecho a venir lanza en triste en contra de algún otro ser?»
En fin, la tertulia se prolongó
durante varias horas tomando diferentes matices según los enunciados de cada
cual, pero siempre con la intervención locuaz de Nora que hiso parecer los
demás cual mortales ilusos, plagados de convicciones sociales inaplicables, principalmente
a su principal oponente ósea a este, que defendió esas convicciones tan solo
por pensar en plural, culpándose asimismo al no poder convencer de la propia
bajo la cual el amor debería de ser tomado de igual forma, sin olvidar en lo
personal a la pareja, cuestión que en ese momento calle y de lo cual también me
culpo.
© Hoo77 & la vida cotidiana.
Donde el romanticismo también cuenta.
Junio 2013

