8 abr 2015




LA PALMA DE CERA


Son altas y esbeltas, son de cera se dice, de hojas estrechas frutos robustos y sabrosos, y como pendientes del cielo, la personalización de la elegancia, el árbol insignia de Colombia,  frías aun cuando cálidas a la vista del viajero desprevenido que al observarles detiene su camino recreándose ante el espectáculo celeste brindado por aquella seducción sobresaliente, en medio del campo y ahora en la ciudad, bien venidas hermosuras, sacadas de los parajes hermosos del oriente y bien acogidas entre nosotros.

Les invito a conocerles quedaran deslumbrados al igual que a aquel viajero le sucedió, fue cuando amenazado por la muerte se aferro a ellas y bajo esa protección de vida sobrevivió, haciéndose parte del mundo que les creo apartándole de la tentación horrible de sucumbir, al igual que tantos otros, que negaron la existencia por cualquiera de las causas dinamizadas por la  misma.

No obstante concientizo la lucha que al salvarse, se prolongo eternamente teniendo que enfrentarle con cotidianidad dando gracias a aquel cielo de la victoria diaria de la vida para hacer, recrear, enseñar con la verdad del estoicismo, del arte el canto y la belleza, que aquí debemos de permanecer para liberar la ilusión justa de la justicia, sin la cual no somos ni siquiera la ceniza suficiente para cubrir nuestro cuerpo a la hora señalada. ¿Es acaso el dolor causado por el engaño tan fuerte que nos impide la defensa?

Es ahí, de la misma realidad, cuando se desprende la lucha del ser humano entre él mismo su esencia intrínseca, y única, contra el mal que asecha vestido para la ocasión del jolgorio propio a celebrar el caos,  desconociendo la ley que a todo quiere llegar con una solución mediadora, PARE vs SIGA, entre los grupos y quienes le conforman, nuestra exclusiva forma de dignificar la ética encerrada en mentes y corazones y por la cual somos heredados y herederos. La ley nos magnifica y al dejar de vivir las ilusiones que tuvimos de amor poder, o cualquiera que haya sido, se esfumará para siempre con nosotros; cuestión que no podemos permitir sin antes determinar la realidad de la causa social de donde el suceso emano. No olvidemos que el enfoque de la Justicia es plural, sin que nadie pueda tomarla por sus propias manos aun en contra de si mismo.

Los mártires de la indiferencia  jamás han debido de existir antes, ni mucho menos después de nosotros que hemos aprendido con esfuerzo a sobreponernos a esos flagelos dañinos que acosan sin razón ni motivo, al igual que a la misma indiferencia sobre el fracaso e incluso de los triunfos mundanos, obedeciendo a la dedicación del don especial con el cual algunos privilegiados contamos, cuentan, plegándose rendidos  y mansos, o sobre-estimulados por la dicha y la codicia, sin encontrar nunca el equilibrio de los planos que conforman la existencia humana.

A ellos que extrañamos y hacen faltan, a nosotros que aun nos encontramos aquí, en el mundo de los vivos debemos una explicación, justificando de alguna forma aceptable, (ahora que el cine puede y lo tiene propuesto) diferente de la libertad decisoria y personal, el hecho inaceptable al mayor mal, la  indiferencia, del mal curable. ¿Adolescencia pasajera, juventud irresponsable, miedo posescénico? De cualquier manera, figura dichosa que añoramos, error catastrófico del destino que una vez más triunfa privándonos de ella sin remedio, quebrando la esperanza, fortaleciendo el sistema.    


Imágenes: GH


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Abril del 2015