DE LA FORMACIÓN GNOCITIVA
Al momento de sacar las cuentas con la vida, cuando
te sientes burlado y estrujado bajo la presión de la zozobra en el porvenir,
proveniente del pasado y el presente acaecido bajo el incombatible estigma sin
planear sobre un destino originado por los actos que los demás llevan a cabo en
contra del equilibrio de algunos, que poco a poco se pierde, dejan al individuo
sin la voluntad necesaria para la supervivencia dentro de la sociedad
indiferente. Es ahí mismo cuando se debe de tener
respuestas. Idéntica cosa sucede en el momento de arrojar un pedazo de pan a
una corriente de agua, al principio mantendrá su forma que luego se irá
perdiendo, disminuyendo en tamaño, en la medida que avanza por la corriente de
agua hasta desaparecer por completo.
¿Fue
acaso aquel trozo de pan alimento para algún otro ser vivo? Es probable, veamos
el porqué y nos daremos perfecta cuenta que la evolución no se detiene pues el
efecto será el mismo, la probabilidad del cumplimiento al trazo superior de los
acontecimientos karmáticos. Entonces aquí, y por analogía, surge una pregunta
nueva ¿cómo funcionaría un caso contrario o hipotético? La repuesta no es
sencilla, ni mucho menos corta o aceptable, aun cuando trate de llegar a ésta
por las recurrentes metáforas sin
pretender que sean odiosas o atropellen.
Ocurrió
en cualquier parte, nuestro protagonista de corta edad, tímido y ensimismado, comenzó
a abrirse el camino obligatorio entre la maraña inmensa de la humanidad, como
lo hacen otros, sin la preparación fundamental necesaria para ello, ni tampoco
ser consciente de las capacidades con las cuales contaba para batallar,
cuestión apenas lógica dada la edad del menor que aun así reconoció de
inmediato la belleza estereotipada en la sensualidad irradiada
involuntariamente por su maestra, que despertó en él a temprana edad la propiedad
de la reproducción, sin aun entenderle. Si sumamos a lo anterior la
inadaptación al sistema educativo primario, nos encontramos ante la conclusión siguiente:
la formación física y mental del pequeño comenzó en tinieblas, a lo bronco, para
enfrentar a la maraña referida antes.
En
medio de los fieros y las rencillas provocadas por los atacantes, el paso de
los años continuo inclemente para unos, y el defensor, protagonista imaginario,
ganando en cada batalla una herida que le debilitaba a cambio de la templanza
intelectual y de espíritu que objetivamente le fortificaban de forma
inocultable, cada vez con mayor reconocimiento. Sin embargo no era suficiente,
nunca lo ha sido ni lo será jamás, la conquista requiere, aparte de la
estrategia, de concatenaciones poderosas
para que el objetivo acepte el fundamento. No obstante la mayor parte
del terreno se consiguió, el triunfo fue inobjetable dejando al nirvana más
cerca y al Karma, responsable del desenlace, ¿pues sino a quién? ¿Al mismo
sujeto? Claro que no, él nunca lo aceptara, tiene que haber una razón
sustituta. Un denominador común para el acusador y la defensa, que al dejar de
serlo, al materializarse se convierta en la pena ejercida por el verdugo, en su
defecto, en el perdón, ósea en la aceptación del fundamento por parte de los
conspiradores.
Con
la figura estereotipada del cazador sin presa el escenario se convierte en
territorio común para los actores, quienes al reproducirse en proyección
geométrica salvaran el derecho a la existencia, convirtiendo a quien descubrió
el velo de la lucha desigual, también arcaica, en el dueño de la resistencia
real a cualquier opresión manifiesta. Es una ley natural probada históricamente
una y otra vez, tanto la opresión como la represión o el crimen, no representan
poder público verdadero, éste tan solo existe cuando se da por medios
igualitarios provechosos y pacíficos.
El
corolario corresponde a cada quien, a cada una de las víctimas, de los
victimarios ¿o acaso a la conciencia social presente en todo?
© Hoo77 & la
Vida Cotidiana
Donde el
Romanticismo también cuenta
Noviembre del 2012.

