24 mar 2013

TALANTE DE PAZ



La noche se apodera de la cúpula terráquea sobre el lugar, hace frío,

Sin embargo no quiero cerrar las puertas de la terraza desde donde aún se divisa la autopista lejana congestionada por los autos que vienen y van. Les observo al tiempo de preguntarme a donde irán y el por qué tan solo uno en particular me interesa, aquel que no alcanzo a distinguir, que no se deja encontrar a pesar de ser el único, con plena seguridad lo digo, color yema rojiza. Tonto que soy, ahora me pesa no haberle instalado cuando pude hacerlo, el dispositivo necesario que delatara en todo momento su ubicación, si, cierto, he debido hacerlo, he debido comenzar a rastrearte, así ahora mismo estría tras de tu auto, en ultimas tras de ti observando todos tus movimientos, podría cerciorarme hasta dónde eres capaz de mentir, de engañarme burlándote con esa risa sonora y contagiosa con la cual acostumbras hacer que ría. ¿Me crees? Tú produces en mí tal alegría, que río sin ningún temor y al darme cuenta de que lo hago, de que soy capaz de hacerlo, le disfruto, te registro transportando tú figura al primero y al último lugar, a todo mí ser, de donde no tengas como escapar.


De pronto el temor me invade enseñando el lado oscuro de la existencia, ese donde tú no estás a mi lado susurrando palabras románticas, indescifrables, llenas de la alegría que irradias. Caigo en la cuenta que no te puedo atar impidiendo te alejes, el encierro solo producirá efectos mezquinos hacia tú captor, aun cuando se produzca únicamente en la mente del mismo, de su egoísmo personal que no te llega, que nunca opacara tu gozo ni el color de tu piel, como tampoco su sabor cálido, perenne, imbatible.

Que va, para nada, tú no tienes lado oscuro, te limitas a brillar con la fuerza del amor, de la belleza encerrada en los dones preciosos derivados de la lealtad. Te prometo dibujarte sobre una alfombra  voladora para que se vea desde cualquier lugar pudiendo los astros apreciar tu grandeza, tu belleza llana, tu capacidad de dar lo mejor de la existencia para nosotros, para mí que te comprendo y retribuyo con cuanto puedo y deseo para verte acertada, valorando el amor duradero y para siempre.

La lealtad nos convierte en aliados al igual que en otros tiempos lejanos, distantes. Ocasiones irrepetibles, no obstante imitables. El futuro es tuyo, tomadle permitiendo que unidos le alcancemos con la gloria que nos mortifica por ser la forma del poder y del hacer. No te desencantaré, conservaras lo tuyo, lo cual vi, lo cual veo, lo cual proyecto: abundancia, amor y paz, también libertad, para mí y los demás. Que soy débil, si lo sé, es mi defensa y mi lucha, la sublimación que alcanzo en el desarrollo de la personalidad, así, cuando me examino, la imagen la veo bien y siento orgullo, con mayor razón al saber que eres mía, y feliz lo reconoces sin tapujos, aceptando mi postura. Me agigantas, haces fuerte y demuestras que al talante no hay forma de apagarle.

Lo he dicho en otras oportunidades antes, tenlo en cuenta, aunque nunca con la fortaleza con la cual hoy lo menciono, hoy me doy cuenta de la necesidad de mencionarlo, de ratificar la convicción que llevo dentro en lo referente a la dicha de expresar palabras sinceras que te dirijo con ese único mensaje de oportunidad a entender sin olvidar, llegar allí cual a punto de partida, de inicio y de final. Es  la forma, quizás tan cercana que no queremos verle.   

Ah, por fin llegas, por poco que me encuentras congelado, ¿qué puedo ofrecerte, acaso algo de vino?


© Hoo77 & la vida cotidiana. Donde el romanticismo también cuenta.
Marzo 2013