II.- Antes de caer en
el sueño
COMUNICACIÓN
FELICIDAD – SOCIEDAD
En alguna de las revistas de
publicación reciente, que aquellos
excursionistas llevaban consigo y que amablemente me facilitaron, tocaba en cierta medida el
tema de la comunicación social en un sentido científico, la publicación decía,
sin extenderme demasiado, ni temor a herrar más de la cuenta: Es el arma –la
comunicación- con la cual la cultura se divulga llegando a todo aquel que la
busque y necesite, por ello debe de ser cuidadosamente seleccionado el
contenido público de los medios escritos que se dan a los diferentes lectores
teniendo en cuenta su capacidad de entendimiento dentro de los temas tratados,
y si es que estos temas pueden llegar a brindar al lector, aparte del tema,
algún modelo de beneplácito para el intelecto del mismo lector, alejando la
publicación del ámbito científico, para que pueda ser disfrutado por todos los
lectores, o lo contrario, velar porque los temas tratados sean ciento por cinto
científicos y académicos, por consiguiente dirigidos con exclusividad a este
tipo seleccionado de lectores sin que llegue a confundirse un concepto con el
otro y que éste escrito, alguno en particular, quede sin un horizonte valedero
bajo un público confundido.
Sucede lo mismo en la vida
cotidiana cuando la idoneidad de los profesionales, en cualquier disciplina, se
pierde y confunde dentro del maremágnum que los acontecimientos traen a diario:
relaciones laborales, familia, pacientes, clientes, y mucho más. Entonces surge
la pregunta: ¿cuando dejo de ser responsable bajo la ontología que la misma profesión
exige y pude comportarse, el profesional, a su libre antojo y albedrio
olvidando la razón intrínseca de aquella?
Sí todos y cada uno de las
personas que han tenido la oportunidad de pasar por una escuela de estudios
superiores aprovechase esa escolaridad para el bien general de la población,
las cosas importantes de cualquier nación serian diferentes, la dicha no sería
cosa de unos pocos, sino todo lo contrario, la nación entera gozaría de ésta
premisa haciendo de la convivencia un estado real bajo el cual se lograrían
metas altruistas de forma sencilla y útil. En caso de que el oficio sea curar
las dolencias físicas o psicológicas del prójimo, pues eso se debe de hacer, en cambio de ir por ahí buscando,
con los conocimientos «“aprovechar al máximo lo que conoce” F. Nietzsche»
aprovecharse de los demás y doblegarles, hacia fines que tan solo interesan a
aquel que haga de estos artilugios la manera de obtener réditos propios sin
importar el como, en que, o quien se apoye, puedo decir de mala fe, para
lograrles.
Es cierto, cuando hieren a
alguien en su propia dignidad queda dolido y peor aún, humillado por aquel a
quien nunca ha debido de contemplar pero ¿hasta dónde esa afrenta es causal de
una pena, o del perdón? Tan solo sé que en mente sana cuerpo atento, entonces
la premisa continúa siendo la misma, el
final feliz, del cuento individual contra el cual nadie debería interferir y
menos que nada, aquel que desde determinada posición, venga con intenciones mezquinas
e impropias para un sabio reconocido, sin importar la manera ni causas en que
el legislador le consienta. Siempre la civilidad permanecerá perene, atenta e
inviolable y por ser la falta contra la gnosis del fuero personal, el perdón no
existe y las consecuencias y culpa serán acarreada por quien le cometió. Una de
las grandes propiedades de la Comunicación es el prevenir, de donde es su
responsabilidad evitar que los pacientes adscritos a la seguridad social en la
salud, financien la mediocridad de los tutores.
© GH
Mayo del 2012.

