11 ago 2012

II Entrada de Mayo 2012




II.- Antes de caer en el sueño

COMUNICACIÓN 
FELICIDAD – SOCIEDAD

En alguna de las revistas de publicación reciente,  que aquellos excursionistas llevaban consigo y que amablemente   me facilitaron, tocaba en cierta medida el tema de la comunicación social en un sentido científico, la publicación decía, sin extenderme demasiado, ni temor a herrar más de la cuenta: Es el arma –la comunicación- con la cual la cultura se divulga llegando a todo aquel que la busque y necesite, por ello debe de ser cuidadosamente seleccionado el contenido público de los medios escritos que se dan a los diferentes lectores teniendo en cuenta su capacidad de entendimiento dentro de los temas tratados, y si es que estos temas pueden llegar a brindar al lector, aparte del tema, algún modelo de beneplácito para el intelecto del mismo lector, alejando la publicación del ámbito científico, para que pueda ser disfrutado por todos los lectores, o lo contrario, velar porque los temas tratados sean ciento por cinto científicos y académicos, por consiguiente dirigidos con exclusividad a este tipo seleccionado de lectores sin que llegue a confundirse un concepto con el otro y que éste escrito, alguno en particular, quede sin un horizonte valedero bajo un público confundido.

Sucede lo mismo en la vida cotidiana cuando la idoneidad de los profesionales, en cualquier disciplina, se pierde y confunde dentro del maremágnum que los acontecimientos traen a diario: relaciones laborales, familia, pacientes, clientes, y mucho más. Entonces surge la pregunta: ¿cuando dejo de ser responsable bajo la ontología que la misma profesión exige y pude comportarse, el profesional, a su libre antojo y albedrio olvidando la razón intrínseca de aquella?

Sí todos y cada uno de las personas que han tenido la oportunidad de pasar por una escuela de estudios superiores aprovechase esa escolaridad para el bien general de la población, las cosas importantes de cualquier nación serian diferentes, la dicha no sería cosa de unos pocos, sino todo lo contrario, la nación entera gozaría de ésta premisa haciendo de la convivencia un estado real bajo el cual se lograrían metas altruistas de forma sencilla y útil. En caso de que el oficio sea curar las dolencias físicas o psicológicas del prójimo, pues eso se debe  de hacer, en cambio de ir por ahí buscando, con los conocimientos «“aprovechar al máximo lo que conoce” F. Nietzsche» aprovecharse de los demás y doblegarles, hacia fines que tan solo interesan a aquel que haga de estos artilugios la manera de obtener réditos propios sin importar el como, en que, o quien se apoye, puedo decir de mala fe, para lograrles.

Es cierto, cuando hieren a alguien en su propia dignidad queda dolido y peor aún, humillado por aquel a quien nunca ha debido de contemplar pero ¿hasta dónde esa afrenta es causal de una pena, o del perdón? Tan solo sé que en mente sana cuerpo atento, entonces la premisa continúa siendo la misma,  el final feliz, del cuento individual contra el cual nadie debería interferir y menos que nada, aquel que desde determinada posición, venga con intenciones mezquinas e impropias para un sabio reconocido, sin importar la manera ni causas en que el legislador le consienta. Siempre la civilidad permanecerá perene, atenta e inviolable y por ser la falta contra la gnosis del fuero personal, el perdón no existe y las consecuencias y culpa serán acarreada por quien le cometió. Una de las grandes propiedades de la Comunicación es el prevenir, de donde es su responsabilidad evitar que los pacientes adscritos a la seguridad social en la salud, financien la mediocridad de los tutores.


 © GH
Mayo del 2012.