LAVIDA COTIDIANA
Se presenta caprichosa para cada cual, bajo el intricado
mundo personal de quien despierta en la mañana
para continuar en la persecución de espejismos, bajo la esperanza
redentora de las necesidades asumidas a
lo largo de la existencia humana, que como bien se sabe son muchas,
tanto en la realidad como en las ilusiones repetitivas e inherentes a esa
mañana clara, indescifrable, reservada.
No se puede hacer, digo yo, de la vida cotidiana un medio
físico con el cual nos trasportaríamos, habituándonos a éste a lo largo de la
existencia, sin nunca identificarle con la plenitud que se merece, puesto que
es donde confrontamos la realidad con lo demás. No se trata de sumergirse
dentro de un tubo sin ventanas, contentándonos con el hecho que nos resguarda
de tormentas que no llegan contra esa existencia resguardada que de a poco se
desgasta bajo la irracionalidad creyente del conformismo. Su costo es demasiado
alto para permitirlo, pareciere que permanecemos allí atados contra el
desarrollo individual, en armonía con un exterior superior que convida.
Al domeñar el pensamiento se enciende el intelecto abriendo
gran variedad de posibilidades y alternativas comunes en la búsqueda
imprescindible de los niveles sociales superiores, según estándares generales,
que a la sazón son la causa del meollo. Bueno, malo? No trato de juzgar, el
sosiego es necesario, como en este caso son los medios para llegar al fin
previsto, suponiendo sea el mejor, o dicho de otra forma: la realización del
plan. Hablo de la existencia puramente natural, de su optimización, no de
política, aun cuando el conocimiento de los líderes, por parte de los
ciudadanos, se haga fundamental para el propio y así la pluralidad saldrá
beneficiada incrementando esos niveles que faciliten el logro positivo en ambas
prospectivas: personalidad, convivencia.
Si por el azar de aquellos pensamientos a los cuales me
referí llegásemos a encontrar la libertad individual, la independencia sobre
acusaciones falaces, la búsqueda se centrara (tiene que) en de la dinámica que
garantice los beneficios del sistema para el individuo pródigo. De lo contrario
no hay nada. Y eso no se puede permitir, ni por acción propia, ni mucho menos
por la de terceros. La cotidianidad debe continuar, aun cuando el desgaste sea
mayor y se haga evidente, hasta neutralizar cualquier reflejo contrario.
Tampoco puede llegar a ser parapeto desobligante, refugio de
debilidades, negación de sentimientos; todo lo contrario, apreciando el
esfuerzo ante las dificultades, disfrutar de las esencias naturales
vanagloriando lo realizado y asumido de aquello, pudiendo así analizar el
anverso para resolverle efectivamente sin trastornar decisiones anteriores en
el mismo sentido. En tal caso, lo usual seria acatar al bien mayor, al bien
común, dentro del marco establecido por las mismas Instituciones que
dictaminaron inicialmente. La punta extrema de la formación se encuentra
adelante, el final, para los heridos.
¿De todo esto que nos queda? Mucho y más, nos queda la
aquiescencia en la necesidad de lo común, los foros, la sociedad o pueblo
anhelante de derechos, gozos, alegría. Donde el romanticismo también cuente,
los cultivos de flores no den abasto colgando una guirnalda a cada componente y
los lideres demuestren continuamente su capacidad digna de gestión, enfocada en
la realización del mejor plan para lograr ese cambio.
© GH
Marzo del 2012

